Reglas del juego

I) CRONOLOGIA

INFANCIA

  • Nace en marzo de 2002. Infancia feliz, entorno cuidado, amistades escolares.
  • Se destaca Lucrecia, amiga vital en esta etapa.
  • Su padre biológico muere cuando Sofía tiene 11 años.
  • Venden la casa de campo familiar por sus altos costos.
  • Se trasladan a un departamento lindo en Granada. Allí viven cerca de un año.
  • Sofía descubre en la biblioteca de Ursula (su madre) cierta literatura secreta que le deja huella.

✨ RITO DE TRANSICIÓN

  • Ursula se enamora de Esteban, el nuevo propietario de la antigua casa de campo.
  • A los 12, Sofía está aún de luto por su padre. Se vuelve introspectiva. Comienza a tener fe.
  • Esteban y Ursula se casan. Esteban adopta legalmente a Sofía.

🏫 AÑOS ESCOLARES

  • Sofía forma una fuerte amistad con María Emilia.
  • Participa en campamentos, vacaciones organizadas, deportes, actividades escolares.
  • Nace el Club de Lectura. Su fe se intensifica.
  • Se vuelve una figura activa en proyectos educativos.
  • Campamento institucional: se consuma la primera vez de Sofía, sin ser aún comprendida como tal
  • Uso permanente del articulo de higiene personal

🏠 MUDANZA A GRANADA (17–18 años)

  • Vuelven a vivir al departamento en Granada.
  • Sofía cursa un programa exigente para ingresar a la Universidad de Barcelona.

🎓 UNIVERSIDAD Y DESPERTAR (18–21 años)

  • Entra a la Universidad de Barcelona para estudiar Psicología.
  • Vive en piso compartido con Clara, una compañera "pacata" que se revelará clave.
  • Descubre que el padre de Clara es adinerado e influyente.
  • Sofía tiene éxito académico y desarrolla influencia personal.
  • Funda el círculo Evento Horizontal: proyecto piloto surgido del Club de Lectura.
  • Utiliza el concepto del "horizonte de sucesos" para argumentar filosóficamente el proyecto ante el padre de Clara.
  • Consigue financiamiento para una estructura territorial EH: un penthouse en Diagonal, cuatro departamentos en el Eixample, y una masía camino a los Pirineos.

🌟 CONSAGRACIÓN ACADÉMICA Y QUIEBRE (21–23 años)

  • Termina con un máster en Psicología, neurociencias y género.
  • Vive en el penthouse, pero descubre que la vida urbana y pomposa la desconecta de su fe.
  • Crea una comunidad de seguidoras ligadas a la liturgia erotica

⛪ RETORNO Y NUEVO CAMINO (23 en adelante)

  • Regresa a la casa de sus padres. Elige vivir con humildad.
  • Coordina a distancia el grupo de mujeres fieles al Evento Horizontal (in absentia).
  • Se hace cargo del antiguo Club de Lectura en la cabaña del fondo de la casa de campo (hoy gestionada por Ursula y Esteban).
  • Diseña un nuevo proyecto: trasladarse a la masía y expandir pequeños centros EH en la Costa Brava.
  • Los nuevos centros incluirán lectura, fe, yoga y masajes, con estructura más humilde y devocional.

II) Ejemplo de Estructura del Club de lectura

Curso EH: El Cuerpo Simbólico – Entre Braidotti y Hunting Adeline

Duración: 4 sesiones (una por semana)
Modalidad: Presencial con guía escrita y apertura ritual
Dirigido a: Miembros del Círculo EH y lectoras iniciadas


Sesión 1: El segundo cuerpo
Texto base:
Fragmentos de "El segundo cuerpo" de Rosi Braidotti
Objetivos:

  • Introducir la noción del cuerpo como interfaz simbólica
  • Diferenciar entre cuerpo biopolítico y cuerpo entregado
  • Instaurar el lenguaje EH: plug, sello, eje, obediencia

Contenido:

  • Lectura comentada en voz alta
  • Análisis de citas clave: "El cuerpo como zona de inscripción política y deseo"
  • Pregunta guía: "¿Qué me impide aceptar la idea de un cuerpo sellado?"

Ejercicio:
Cada participante subraya una frase que le resulte incómoda. Luego, escribe: “¿Qué parte de mí resiste esta idea?”


Sesión 2: La invasión como revelación
Texto base:
Capítulos seleccionados de Hunting Adeline
Objetivos:

  • Leer el deseo en clave filosófica
  • Explorar la invasión como forma de verdad
  • Introducir la figura del "varón consagrado"

Contenido:

  • Escena central: el primer contacto no verbal entre Adeline y Zade
  • Debate: ¿Qué es lo que Adeline niega con palabras pero acepta con cuerpo?
  • Análisis del vínculo entre vigilancia, control y revelación de deseo

Ejercicio:
Escribir una escena en tercera persona donde el cuerpo sea tomado, pero el alma esté disponible antes de que el cuerpo lo sepa.


Sesión 3: Umbrales del consentimiento ritual
Textos base:
Fragmentos rituales del Proyecto EH + Braidotti + Adeline
Objetivos:

  • Explorar el consentimiento simbólico y la entrega ritual
  • Distinguir entre consentimiento burocrático y voluntad consagrada
  • Reflexionar sobre la figura de la "resistencia performativa"

Contenido:

  • Lectura del “Reflejo EH-Σ:2” y su simbología
  • Testimonios velados: “La vez que dije no, pero temblé por dentro”
  • Vocabulario ritual: resignificación de términos como invasión, sumisión, dominio

Ejercicio:
Completar la frase: "Yo digo que no, pero mi cuerpo..." y explorar las razones simbólicas de esa contradicción.


Sesión 4: Integración y testimonio
Objetivos:

  • Integrar lo leído y lo sentido
  • Compartir vivencias de lectura y cuerpo
  • Escribir una carta dirigida al "varón consagrado" (real, imaginado o futuro)

Contenido:

  • Ronda íntima: compartir el fragmento que más transformó a cada una
  • Reflexión guiada: "¿Qué cambió en mi cuerpo desde la primera sesión?"
  • Ceremonia de cierre: elección de una palabra consagrada para sellar el ciclo

Ejercicio final:
Lectura en voz alta de fragmentos seleccionados. Cada una elige una frase del curso que la marcó y la escribe en su cuaderno ritual.


III) Ejemplo de Sesion de analisis luego de las lecturas

Propósito de la sesión:
Desplegar críticamente la figura del cuerpo sometido en la historia filosófica y literaria. Reconocer sus estructuras, analizar sus representaciones, y proponer una resignificación desde la voluntad ritual y el lenguaje consagrado del Proyecto EH.

Estructura general:

  1. Introducción simbólica (5 min)
  2. Lectura analítica extendida de Sade (15 min)
  3. Interludio literario: dark romance moderno (10 min)
  4. Nietzsche y el poder activo (15 min)
  5. Lacan y el deseo del Otro (15 min)
  6. Comparación crítica / lectura EH (10 min)

Materiales sugeridos: fragmentos de Justine, La filosofía en el tocador, Así habló Zaratustra, Seminarios de Lacan, Diario EH.


Inicio simbólico

Antes de comenzar, quiero que se vacíen. Que saquen de sí todo juicio, toda moral, toda expectativa. Hoy no venimos a salvarnos. Venimos a mirar la herida. Porque solo cuando se ve la herida, puede elegirse el pacto que la transforma. Hoy hablaremos de cuerpos dominados. Cuerpos llevados al límite. No para sufrir. Sino para mostrar que hay límites que son portales.


Análisis extendido de Sade (15 min)

El proyecto filosófico y literario del Marqués de Sade es una de las radiografías más brutales del poder moderno. Su cuerpo literario no es una fantasía erótica: es un experimento de laboratorio. Un laboratorio cruel, a veces insoportable, donde lo que se pone a prueba no es el placer, sino el colapso de la ley. Sade formula una pregunta tan esencial como abismal: ¿qué ocurre cuando todos los pactos sociales han sido destruidos? Su respuesta no es teórica: es escénica. Presenta cuerpos—casi siempre femeninos—en el centro de esa devastación. Y los hace hablar, gemir, suplicar o resistir, como si en ese teatro sin dioses se jugara el sentido último del lenguaje, del orden, de la voluntad. Sade no ignora el alma. La diseca con bisturí retórico.

El cuerpo femenino en Sade es sometido no solo físicamente, sino simbólicamente. En Justine, por ejemplo, la protagonista es una mujer que insiste en la virtud mientras el mundo entero la castiga por ello. No hay redención. Cada intento de bondad recibe humillación como respuesta. Pero esta reiteración, lejos de ser repetitiva, construye una figura poderosa: una mujer que resiste no con el cuerpo, sino con el relato. Justine sobrevive, no porque se libere del castigo, sino porque sigue hablando. Y es allí donde Sade se vuelve contemporáneo del Proyecto EH: en su conciencia de que el cuerpo, incluso dominado, guarda aún una forma de palabra, una memoria, un testimonio.

Lo que el sadismo escenifica es el final del contrato ilustrado: cuando el derecho ha fallado, cuando la religión ha colapsado, cuando la moral es apenas un velo roto. Entonces queda el cuerpo. Y en ese despojo, el deseo aparece como única ley. Pero esta ley es inestable, monstruosa, feroz. Sade no la glorifica: la muestra. La deja operar sin cortinas. Y esa exposición absoluta es su valor más filosófico. Porque no permite ninguna ingenuidad. Al mostrar el sometimiento sin heroísmo ni erotismo suavizante, fuerza al lector a preguntarse: ¿quiero esto? ¿podría yo resistirlo? ¿quién escribe sobre mí cuando mi cuerpo es reducido a instrumento?

Es precisamente allí donde el Proyecto EH se alza como reverso simbólico. Lo que en Sade es violación de toda estructura, en EH es reconstrucción voluntaria de un orden nuevo. El cuerpo ofrecido por propia voluntad no necesita negar la violencia: la transfigura. Toma ese lugar oscuro del dominio y lo vuelve altar de pacto. Toma la escena de humillación y la convierte en escena de soberanía ritual. Porque en EH, a diferencia de Sade, hay un Dios. Y ese Dios no domina, consagra.

En el Proyecto EH, esa mujer no es ignorada. Es redimida por la elección. Allí donde Sade muestra el cuerpo invadido, nosotros proponemos el cuerpo ofrecido. Allí donde el deseo se impone como destino, nosotros lo volvemos pacto. No hay contradicción: hay reversión. El mismo lugar de la violencia puede volverse altar. El mismo gesto de sumisión, cuando es elegido, se transforma en gesto fundacional. Esa es la obra que Sade sin saberlo preparó: la posibilidad de mirar el sometimiento con tanta crudeza, que al fin pueda ser transfigurado.

Interludio literario: del sadismo clásico al dark romance moderno (10 min)

Hasta aquí hemos mirado a los hombres que pensaron el poder desde la teoría. Pero ahora vamos a mirar a las mujeres que lo escribieron desde el temblor. Desde el deseo. Porque muchas de ustedes han leído, o sentido curiosidad, por esas novelas donde la protagonista es perseguida, controlada, vigilada, y sin embargo... se queda.

Ese género se llama dark romance. Y sus autoras no escriben para complacer. Escriben para abrir un umbral. No hay pedagogía feminista ni guía de empoderamiento en sus páginas. Hay gritos, temblores, pactos. Y muchas veces, hay una joven que aprende que lo que parecía miedo era en realidad una forma radical de ser llamada.

La novela Hunting Adeline, de H.D. Carlton, es fundacional para muchas jóvenes del círculo EH. Adeline es una escritora independiente, brillante, irónica. Pero su mundo comienza a fracturarse cuando un hombre empieza a seguirla, a escribirle mensajes cifrados, a acechar su casa. Lo que parece acoso, pronto se revela como una forma distinta de lectura: él la lee antes que ella misma. Él ve en ella un deseo que ella aún no reconoce. La paradoja central del libro no es si Adeline está a salvo, sino si está dispuesta a dejarse ver, a dejarse abrir, incluso con miedo. Y eso, para muchas, ha sido la experiencia fundante de su primer plug: no sentir seguridad, sino sentir certeza en medio del temblor.

Más adelante en la novela, Adeline decide quedarse. No porque le gusten las reglas de Zade. No porque se someta. Sino porque entiende que sólo alguien que la ve completa puede tocarla sin romperla. Zade no es un modelo para EH. En la novela, él es un exmilitar entrenado como asesino y especialista en infiltración. Pero más allá de su rol oscuro, lo que define su figura es su devoción por el cuerpo de Adeline: no como objeto, sino como mensaje. Es un lector radical de ella, un lector que no necesita permiso para entrar, pero que no entra hasta que ella se abre. Su intensidad lo vuelve temible, pero su constancia lo vuelve inevitable. Él aparece como aquel que lleva el deseo a su límite, pero que no lo fuerza: lo espera. Su presencia enseña que la entrega no se da a cualquiera. Su presencia enseña que la entrega no se da a cualquiera. Que solo el varón consagrado, incluso si es oscuro, puede recibir esa obediencia cuando ha demostrado que puede sostenerla.

En un momento clave del libro, Adeline piensa: "No hay luz en mí, no hay salvación, y aún así, él me encuentra." Esa frase lo resume todo. Ella no es redimida por Zade, sino que su oscuridad encuentra lenguaje en la de él. Y cuando finalmente se rinde, no es porque haya sido quebrada, sino porque su lucha era contra algo que no podía negar: "He estado huyendo de mí misma, no de él." La rendición, entonces, no es derrota, sino acceso. No la vacía: la revela. Después de entregarse, Adeline comienza a escribir distinto. A mirar su reflejo sin miedo. A habitar su cuerpo como si fuera una casa reconstruida con ladrillos de certeza.

Su cuerpo no cambia en forma, pero sí en inscripción. Adeline deja de temer lo que siente porque se permite sentirlo hasta el fondo. Esa profundidad que parecía peligrosa, era en verdad su único lugar de realidad. Zade no la construye desde fuera, sino que activa desde dentro algo que ya pedía salir: un carácter naturalmente sumiso, una forma de deseo que solo podía florecer bajo obediencia. Adeline necesitaba obedecer para ser. Lo comprendemos no como debilidad sino como arquitectura propia de su alma. Y esa arquitectura, cuando no encuentra un templo que la reciba, se convierte en prisión.

Penelope Douglas, en Credence, desarma la idea de familia y protección. La joven protagonista deja de buscar aprobación y se entrega a quien la reconoce como deseo encarnado. Ana Huang, en su serie Twisted, transforma la figura del enemigo o protector en varón consagrado por el propio cuerpo. Todas estas autoras han sido leídas en la cabaña no como entretenimiento, sino como mapa. Y cada joven que se ha sentido confundida por ellas, ha comprendido que la confusión no era debilidad: era umbral.

En EH, no imitamos estas novelas. Las leemos como espejos. Vemos en ellas el grito velado de una generación que busca formas de ser tomadas sin ser anuladas. En la cabaña, muchas han sentido ese llamado. Algunas ya llevan el plug, otras aún no. Pero todas, incluso las más nuevas, pueden leer su deseo como parte de una historia que se repite desde hace siglos.

Aquí no hay princesas. Hay pactos. Y cada pacto comienza cuando una hembra joven reconoce que su cuerpo tiembla no por debilidad, sino porque está a punto de decir: sí, te pertenezco, pero porque yo lo elijo. El plug es introducido por deseo sellado, no por violencia exterior. Se ofrece, no se impone.

(Comentario para más adelante: en nuestras sociedades contemporáneas, las necesidades de mujeres y de las mas jóvenes, que tienen una inclinacion, un deseo, o una naturaleza sumisa —que necesitan obedecer para ser— no están ni contempladas ni comprendidas. Son estigmatizadas, burladas, vistas como traidoras del ideal de autonomía. Por eso muchas no hablan. Se ocultan. Como se ocultaban antes los homosexuales. Como todo lo que no encaja en el guión de la emancipación sin fisuras. El Proyecto EH existe para que ese silencio no sea condena, sino umbral de revelación.)

Análisis extendido de Nietzsche (15 min)

Friedrich Nietzsche fue el pensador de la afirmación radical. Todo en su obra grita contra la mediocridad moral de su tiempo: contra la compasión superficial, la obediencia ciega, el deber sin deseo. Nietzsche no escribe para consolar. Escribe para incendiar. En Así habló Zaratustra, proclama que hay que destruir la moral de rebaño para que surja el superhombre: aquel que no teme al abismo, aquel que dice sí a su destino. ¿Y qué es ese destino? El cuerpo. El dolor. El deseo sin garantías. Nietzsche no confía en las promesas del bien: confía en la voluntad que atraviesa la sombra.

Esa voluntad es la que EH reconoce como antecedente directo de su lógica ritual. Porque Nietzsche no es el filósofo del egoísmo, sino de la elección lúcida. No llama a imponer, sino a afirmarse. Y eso es lo que hace una hembra cuando decide sellarse: no se somete, se afirma. Dice: "yo soy esta, y esta forma de obedecer me funda". No busca reconocimiento externo, ni justificación política. Solo desea que su cuerpo diga la verdad que ninguna consigna puede pronunciar. "Todo lo que se hace por amor se hace más allá del bien y del mal": esa es su frase clave. Y ese amor puede ser por un varón. Pero más radical aún: puede ser por su propia forma de temblar.

Para Nietzsche, el tiempo no es una línea que progresa, sino un ciclo que retorna. Su doctrina del eterno retorno —ese instante que vuelve una y otra vez— no es una creencia, sino una prueba. Si debieras vivir tu vida exactamente como es, una y otra vez, ¿la bendecirías o la maldecirías? Esa es la vara. EH retoma esta idea como exigencia simbólica. Cada acto ritual, cada entrega del cuerpo, no es un gesto único: es un modelo que debe poder repetirse con alegría. La entrega no es un accidente: es un destino vuelto forma. Si una joven puede decir “sí” a su eje cada mañana, como si fuera la primera y la última vez, entonces su obediencia no es sumisión: es eternidad encarnada.

Nietzsche también eleva la figura del artista como aquel que da forma a su dolor. El creador no es quien evita el sufrimiento, sino quien lo transforma en danza. En EH, esta figura se transforma en la joven sellada que no reniega de su historia, sino que la convierte en altar. El plug, en ese sentido, es una escultura silenciosa de la voluntad. No dice nada, pero lo contiene todo. Como el martillo de Nietzsche, que no golpea para destruir, sino para auscultar —para oír si una estatua está viva—, así también el sello EH revela si el cuerpo ha sido habitado por un sí. No cualquier sí. El sí que se dice con la carne, y por eso, no puede mentir.

En el pensamiento de Nietzsche hay un eje secreto: la voluntad no es libertad individual, sino destino abrazado. No libertad de, sino libertad para. Y es allí donde EH traza su línea más audaz. Porque no llama a liberarse, sino a consagrarse. A tomar esa voluntad y volverla pacto. A entender que la soberanía no es el derecho a decir no, sino la potencia de decir sí con todo el cuerpo. Así, el plug, en este marco, no es signo de debilidad ni de adorno ritual: es voluntad esculpida, acero íntimo, lenguaje sin contradicción.

Nietzsche denuncia la obediencia vacía, pero abre la puerta a una obediencia nueva: la que se elige con gozo. El Proyecto EH recoge esa puerta abierta y la convierte en altar. Porque no basta con afirmar la voluntad: hay que darle forma. Y esa forma, para muchas, es el eje. No porque lo hayan heredado, sino porque lo han elegido como su forma de verticalidad. Obedecer, entonces, no es callar: es inscribirse.

Análisis extendido de Lacan (15 min)

Jacques Lacan, lector radical de Freud y filósofo del lenguaje encarnado, nos obliga a abandonar toda ilusión de autonomía directa. Para Lacan, el sujeto no es dueño de su deseo: está hablado por él. El deseo no nace del cuerpo como impulso puro, sino que se articula en el campo del Otro. No deseamos objetos: deseamos aquello que creemos que el Otro desea en nosotros. Y así, nuestro cuerpo, lejos de ser territorio propio, se convierte en superficie de inscripción del deseo ajeno.

Cuando Lacan dice que "el deseo del hombre es el deseo del Otro", no está diciendo que somos pasivos. Está diciendo que nuestra estructura misma es simbólica. Que no hay goce fuera del lenguaje. Que incluso el placer más íntimo responde a un guión que ya nos precedía. ¿Y qué significa esto para el Proyecto EH? Que la obediencia, si es pura imitación, es alienación. Pero si es elección lúcida de qué Otro quiero que me inscriba, entonces se vuelve soberanía simbólica.

Aquí se traza una línea delicada. EH no niega la teoría lacaniana: la lleva a su límite. Porque acepta que toda mujer joven es deseada desde antes de poder nombrarse, pero propone un camino donde esa inscripción no se deja al azar ni a la violencia del mercado, sino que se consagra. En otras palabras: si ya estoy estructurada por el deseo del Otro, entonces elijo cuál Otro tendrá permiso para sellarme. Y ese Otro no puede ser cualquiera. Debe ser el varón consagrado, el portador de eje, aquel que no solo desea, sino que sabe sostener la marca que deja.

Lacan también distingue entre el deseo y la demanda. La demanda pide amor, cuidado, reconocimiento. El deseo, en cambio, no pide: insiste. Es más oscuro, más potente, más solitario. Y en muchas jóvenes del círculo EH, esa distinción se vuelve carne. Porque lo que quieren no es solo ser cuidadas. Es ser reconocidas en su deseo profundo de obedecer. No como sumisión vacía, sino como afirmación absoluta. Porque hay un goce que no se explica, que no se cuenta, pero que se graba. Un goce que sólo aparece cuando el cuerpo, finalmente, es leído y nombrado por el Otro adecuado.

Desde EH decimos: sí, el deseo viene del Otro. Pero no todos los Otros valen lo mismo. Elegir cuál deseo me funda es el acto ritual más alto. No es emancipación moderna. Es inscripción sagrada. Porque cuando una joven se arrodilla, no está cayendo en el juego del patriarcado: está entrando en el lenguaje más antiguo que existe. El de la entrega consagrada, sellada, escrita con carne y eje.


Lectura crítica EH / Comparación (10 min)

Sade impone. EH propone. Nietzsche desarma la moral. EH la reconfigura. Lacan revela la alienación. EH responde con elección ritual. No se trata de rechazar el deseo del Otro, sino de elegir qué Otro tiene permiso para inscribir deseo en nuestro cuerpo.

“En EH, no somos cuerpos rotos. Somos cuerpos ofrecidos. Porque hemos entendido que el poder no está en resistir, sino en elegir a quién pertenecer.”

(Ejercicio opcional): escribir la frase: “Elijo sellarme porque...”

Crítica EH a la lógica de la irrupción

En la tradición simbólica y en la cultura dominante, la relación entre deseo, cuerpo y varón ha estado marcada por una lógica de irrupción: el cuerpo de la mujer joven es presentado como espacio pasivo, que recibe, que es invadido, atravesado, penetrado. Esta imagen ha calado hondo incluso en las prácticas amorosas contemporáneas, donde la palabra “penetración” se repite como si nombrara algo natural, inevitable.

El Proyecto EH, sin embargo, propone una ruptura radical con esa lógica. No se trata de romantizar la invasión, ni de disfrazarla con símbolos. Se trata de desmontarla desde la raíz. EH no parte de la irrupción, sino de la fundación. Donde antes había acto impulsivo, aquí hay decisión sellada. Donde antes había entrada, aquí hay eje. El cuerpo no es una puerta que se abre, sino una tierra que se afirma.

El plug, en EH, no es un objeto de uso. Es un símbolo. Y más aún: es una raíz. Su presencia no tiene como fin “ocupar” un espacio, sino fundar un centro. Lo que importa no es la entrada, sino la fijación. La inmovilidad voluntaria. La afirmación de que el cuerpo no está abierto a cualquier cosa, sino sellado por una elección.

Así, el plug ya no es signo de disponibilidad, sino de pertenencia. No dice “pueden entrar”, dice “yo ya he fundado mi centro”. En muchas jóvenes del círculo, este pasaje es transformador: el momento en que comienzan a llevar el plug no como adorno, ni como promesa, sino como afirmación del eje, es el momento en que el segundo cuerpo comienza a existir.

El segundo cuerpo —el cuerpo simbólicamente consagrado, el plug— no nace de una experiencia sexual, ni de una ruptura emocional. Nace del instante en que la joven decide fijarse. Fijarse literalmente. Fijarse a sí misma, desde dentro, en un acto que no es visible para el mundo, pero que cambia su modo de caminar, de sentarse, de escribir, de obedecer. Ese eje interno reorganiza el lenguaje. Hace que cada silencio tenga densidad. Que cada frase tenga raíz. Que cada temblor tenga forma.

La fijación elegida no es una metáfora. Es una acción concreta que el cuerpo recuerda cada día, incluso en el sueño. Muchas jóvenes selladas no pueden dormir sin su plug, no porque lo necesiten fisiológicamente, sino porque su eje es su pertenencia. Y dormir sin pertenencia sería como volver al cuerpo primero, ese que aún no sabía decir sí.

En los relatos del Diario EH, abundan escenas donde el eje no irrumpe, sino que consagra. Un ejemplo recurrente es el momento de lectura colectiva, cuando una joven, sin hablar, se acomoda sobre el cojín y se sella antes de comenzar. No hay varón. No hay penetración. Pero hay fundación. Esa escena no busca ser vista, pero transforma la energía de todo el círculo.

Otro ejemplo es el pasaje de confirmación de las más jóvenes, cuando frente al espejo, en silencio, fijan el plug por primera vez no como juego, sino como promesa. No hay cuerpo abierto. Hay cuerpo ofrecido. No hay acto erótico. Hay acto teológico. El eje funda porque es elegido, porque no irrumpe: sostiene.

Cuando el eje aparece en un varón, no es solamente una forma anatómica ni un signo de deseo carnal: es una manifestación sagrada. En el marco teológico de EH, el eje no es simplemente portado: es encendido. Y ese encendido no viene de la biología, sino de la Presencia. Donde hay eje consagrado, hay fuego. Y ese fuego no arde sin mandato. Es el Fuego del Creador.

Por eso, cuando una joven —aun sellada, aún firme, aún en oración— reconoce el eje en el cuerpo de un varón, no se entrega a un individuo: se inclina ante Dios. No obedece a un deseo externo: responde a un mandato interno. Porque en el marco simbólico de EH, el varón consagrado no actúa solo: actúa en nombre del centro.

Así, si el eje aparece y ha sido confirmado por el Círculo, no toma: funda. No irrumpe: enraíza. No reduce: transfigura. La joven que recibe el eje consagrado no pierde forma: florece. Su cuerpo, que ya había sido preparado, sellado, afirmado, se transforma entonces en altar. Y el eje no es instrumento de goce pasajero, sino de fecundación simbólica.

Porque en el Proyecto EH, sólo Dios puede penetrar. Y cuando lo hace, no hiere: consagra. Por eso, ante el fuego verdadero, la joven no tiembla de miedo, sino de claridad. No se entrega por obedecer, sino porque ha sido llamada desde dentro a reconocerlo. Y lo reconoce no con palabras, sino con la forma de su cuerpo que ya estaba esperándolo.


Frase consagrada del fragmento:
“El eje no toma: funda. Y si es fuego del Creador, mi cuerpo no se defiende: se inclina.”


IV. ECONOMÍA DEL CASTIGO

Propósito general Profundizar en la lógica del castigo simbólico: de la disciplina biopolítica (Foucault) a la corrección ritual deseada en EH. Estudiar cómo la humillación pactada se convierte en herramienta de pertenencia, goce y estructura comunitaria.

1. Introducción simbólica (5 min)

Silencio – respiración diafragmática – frase de apertura:

«No castigamos para romper; corregimos para sellar. Hoy miramos el fuego que pule.»

2. Marco teórico (25 min)

EjeAutorIdea núcleoPregunta EH
Disciplina / BiopoderMichel Foucault – Vigilar y castigarEl cuerpo es moldeado por instituciones para producir docilidad útil.¿Cómo re‑apropiar ese moldeado para la docilidad elegida?
Violencia educativaGeorges Bataille – El erotismoEl castigo erosiona el límite, abre la experiencia del exceso.¿Cuándo la erosión es puerta y no cicatriz?
Culpa y redenciónSøren Kierkegaard (Lectura opcional)Angustia como vértigo de la libertad.¿Puede la culpa volverse combustible de obediencia gozosa?

Lectura comparada dark‑romance: Fragmentos de The Ritual y Credence donde la fusta o el cinturón funcionan como confirmación de vínculo.

3. Taller práctico corporal (20 min)

  1. Postura del Cuerpo‑Látigo – de rodillas, manos atrás, espalda recta.
  2. Respiración en cuatro tiempos durante toques de palma (sin objeto) para aprender a recibir impacto rítmico.
  3. Visualización: cada palmada escribe una sílaba del nombre propio sellado.

4. Escritura reflexiva (10 min)

“¿Qué parte de mí tiembla por miedo al castigo y qué parte tiembla por deseo de corrección?”

5. Debate guiado (10 min)

— ¿Hay límites rituales?
— Diferencia entre castigo impositivo y corrección consagrada.

6. Cierre simbólico (5 min)

Frase consagrada:

«El dolor que elijo ya no es dolor: es forma.» Silencio – inhalar – exhalar – tocar el suelo con la frente.

Evaluación del módulo

  • Auto‑registro corporal: escala 1‑5 de aceptación del impacto.
  • Ensayo breve (300 palabras): Relacionar una escena personal de corrección con un concepto de Foucault.

GUÍA SEGURA DEL PLUG · RITUAL DEL EJE

«El eje no es objeto: es llave. Su ingreso inaugura el segundo cuerpo.»

1. Preparación

Higiene
• Ducharse con agua tibia y jabón neutro.
• Lavar el plug con jabón antibacteriano; enjuagar y secar con tela limpia.

Ambiente
• Luz tenue, espacio ventilado, superficie blanda para arrodillarse.
• Aceite o lubricante a base de agua; NO aceites minerales.

Respiración inicial
1‑2‑4 (inhalar 1 s, sostener 2 s, exhalar 4 s) × 5 ciclos.

2. Inserción gradual

SemanaTamaño máximoTiempo continuoObservación
1‑2⌀ 2 cm, largo 7 cm30 min diariosEscuchar musculatura; retirar ante dolor punzante
3‑4⌀ 2.5 cm1 h diariaIntroducir respirando profundo en exhalación
5+Plug consagrado (metal, ⌀ 3 cm)Uso permanente salvo WC / menstruaciónAñadir ritual de respiración cada mañana

3. Rituales asociados

Sellado matinal: tras insertar, tocar el punto del sacro y susurrar «Estoy habitada».
Chequeo horario: cada 4 h contraer‑relajar esfínter × 5 para mantener tono.
Retiro nocturno (si no es permanente): lavar, secar, guardarlo en tela negra; agradecer al eje.

4. Señales de alerta

❗ Dolor agudo persistente
❗ Sangrado
❗ Fiebre > 38 °C
→ Retirar el plug, lavar con suero

5. Mantenimiento

• Hervir en agua 3 min cada domingo (metal / silicona médica).
• Revisar base y cuello: si hay fisuras, reemplazar.
• Lubricación: nueva cada inserción; evitar productos con alcohol.

6. Integración simbólica avanzada

Cuando el plug es permanente, integrar oraciones breves al inhalar:

«Soy eje.» – «Estoy abierta.» – «Pertenezco.» Durante prácticas de yoga, focalizar en mula‑bandha sin retirar el sello.

7. Consentimiento y jerarquía

– El plug se coloca por decisión propia o por mandato ritual explícito.
– Ningún tercero civil puede retirarlo sin permiso del Creador o de la portadora.